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  • ARTHUR MILLER: Una era puede considerarse acabada cuando sus ilusiones básicas se han agotado.
  • No creo que estas futuras formas de conocimiento vayan a ser «religiosas» en el sentido tradicional, como tampoco «científicas» en el sentido del materialismo clásico. Serán ambas cosas y ninguna de las dos. Serán otra cosa infinitamente distintas.
  • Estamos reduciéndonos hasta caer en el olvido. Lo hemos interpretado todo al revés. Hemos olvidado o no hemos descubierto todavía nuestra monumental y secreta grandeza. Por eso sufrimos.
  • indicaban una profunda modestia intelectual y un empirismo radical propios de quienes se niegan a apartar la mirada de las cosas que no aciertan a explicar y no ven las anomalías como idioteces, sino como signos rebosantes de sentido que apuntan a alguna forma futura de conocimiento, a una nueva realidad.
  • Tendemos a concebir lo imaginado como imaginario, esto es, como fantasioso y de escaso valor, cuando está claro que hay algo más que resplandece a través de estos casos extremos, algo que en última instancia es verdadero.
  • Como argüía Kant, espacio y tiempo parecen ser nuestros filtros cognitivos, no un reflejo perfecto de lo que existe realmente «ahí fuera» o, me atrevo a añadir, de lo que somos realmente capaces de conocer.
  • Hemos llegado a una situación fantásticamente ridícula en la que intelectuales conscientes nos dicen que en sí la consciencia no existe, que no es nada más que redes cognitivas, bucles de software y masa cerebral caliente. Si esto no fuera un absurdo tan evidente, incluso resultaría divertido.
  • Esta creencia viene a ser lo que en ocasiones se denomina «actualismo» en la filosofía de la ciencia: el hecho de privilegiar el estado actual de la ciencia como definitivo e infalible.
  • [PARÁBOLA DE LA RADIO DE EAGLEMAN]: Imagínate que eres un bosquimano del Kalahari y que te topas con una radio transistor en la arena. Podrías tomarla y juguetear con los botones, y de repente, para tu sorpresa, oirás unas voces saliendo de esa extraña cajita […]. Supongamos ahora que emprendes un minucioso estudio científico de lo que causa esas voces. Adviertes que, cada vez que sacas el cable verde, las voces se detienen. Cuando vuelves a conectar el cable, las voces comienzan de nuevo […]. Llegas a una conclusión evidente: las voces dependen por entero de la integridad de la circuitería. En cierto momento, un joven te pregunta cómo unos simples circuitos cerrados de señales eléctricas pueden generar música y conversaciones, y admites que no lo sabes, pero insistes en que tu ciencia está a punto de resolver el problema.
  • «¿Alguna vez se ha parado el lector a escuchar con atención lo que dicen los físicos cuánticos o los cosmólogos sobre la naturaleza de la materia y la estructura del universo? Para el común de los mortales, es una auténtica locura: la materia como energía solidificada; la relatividad del espacio y el tiempo; la no localidad; las partículas entrelazadas, que se comunican instantáneamente a través del espacio-tiempo; las dimensiones múltiples, imposibles de imaginar o de representar para un cerebro primitivo; la energía oscura, que según se nos dice hoy, constituye la inmensa mayoría del universo; un big bang surgido de la nada; universos paralelos, y así sucesivamente, una cosa imposible tras otra. Y, sin embargo, se nos dice que las evidencias empíricas y matemáticas apuntan en esa dirección. Los propios físicos cuánticos nos repiten que si halláramos un sentido en la mecánica cuántica, sería la señal de que no estamos entendiendo lo que nos dice. El sello distintivo de la verdad cuántica es el disparate, como cuando se dice que ‘esto no se puede entender a partir de la razón y la imaginación basadas en los sentidos'».
  • Una de mis convicciones fundamentales es que los científicos y los profesionales médicos ocupan hoy en día el centro mismo de la producción de una nueva literatura mística y visionaria, la cual señala los albores de una nueva perspectiva del mundo o una nueva realidad.
  • William James llamó «noéticos» a estos momentos. Con esta palabra de origen griego se hace referencia a aquellas experiencias que comportan un conocimiento directo que no puede reducirse a una mera cognición o información sensorial. Estaríamos hablando de un conocimiento directo de algo al margen del «filtro» del cerebro y sus diversas mediaciones cognitivas y sensoriales. La consciencia liberada de estos tapones y bloqueos simplemente conoce. He aquí otra forma futura de conocimiento que también es antigua.
  • a medida que cambien las reglas del juego y aparezcan nuevos órdenes de conocimiento, lo imposible llegará a ser posible (pues, para empezar, nunca ha sido realmente imposible).
  • Como yo, Woollacott está cansada de lo que denomina la «esquizofrenia» de la cultura occidental, que niega rigurosamente el punto de vista en primera persona a favor de la perspectiva en tercera persona.
  • WERNER HEISENBERG: «Algunos físicos preferirían regresar a la ida de un mundo real y objetivos cuyas partes más pequeñas existen objetivamente en el mismo sentido en que las piedras o los árboles existen independientemente de que los observemos o no. No obstante, esto ya es imposible».
  • Einstein […] profesaba una auténtica reverencia hacia las sensibilidades místicas, pues las veía como las impulsoras más profundas tanto de la religión como de la ciencia. «La más hermosa y honda emoción que podemos experimentar es la sensación de lo místico. Es la fuente de toda verdadera ciencia. Aquel a quien esta emoción le resulte ajena, aquel que ya no sea capaz de maravillarse y dejarse llevar por un rapto de asombro, está prácticamente muerto».
  • EINSTEIN: «la ciencia no sólo purifica el impulso religioso de la escoria de su antropomorfismo, sino que también contribuye a una espiritualización religiosa de nuestra comprensión de la vida».
  • Aquí, explica Kastrup, somos formas encarnadas de la mente cósmica, escindidas en algún vasto orden de personalidad múltiple. Estas escisiones han entrado en el sueño de Dios mediante la reproducción sexual y la biología evolutiva con el fin de despertar dentro de este sueño, observar el universo físico y reconocerlo como el interior del cerebro de Dios, y reflejar así nuestra propia naturaleza cósmica dentro de esta misma red galáctica neuronal.
  • «Los éxitos científicos de la física nos dan motivos para pensar que a los seres humanos se les da bien cartografiar la estructura causal del mundo, pero no para pensar que seamos especialmente diestros a la hora de descubrir su naturaleza profunda», escribe Philip Goff.
  • Como ya hemos comentado, Niels Bohr puso el símbolo chino del Tao en su escudo de armas para expresar su famosa lógica de la complementariedad. Wener Heisenberg fue apodado «el Buda» por sus profundos intereses en la filosofía india. Asimismo fue el primero en sugerir que la llamada «materia» de la mecánica cuántica parece muy platónica en su naturaleza (es decir, parece más un pensamiento que una cosa). Erwin Schrödinger, que tenía un interés similar por la literatura hindú y budista, llegó a pensar que la consciencia es fundamental, es decir, que no puede reducirse a ninguna otra cosa. Wolfgang Pauli estaba seguro de que la fusión entre la física cuántica y la experiencia mística constituiría el futuro del pensamiento.
  • Wolfgang Pauli, el físico cuántico, estaba en lo cierto cuando escribió estas líneas: «En contra de la división estricta de la actividad del espíritu humano en departamentos separados –una división que ha prevalecido desde el siglo XIX-, yo considero que la ambición de superar los contrarios, incluida una síntesis que incorpore tanto la comprensión racional como la experiencia mística de la unidad, es el mito, explícito y táctico, de nuestros tiempos.
  • Si el «interior» de la materia es la mente, como todos esos nuevos modelos sugieren de diferentes maneras, ¿cómo puede el materialismo neodarwinista ser la verdad completa sobre las cosas? La respuesta es simple: no puede serlo. Nada de esto tiene por qué implicar forma alguna de diseño inteligente, y mucho menos ningún literalismo o creacionismo bíblico (como una deidad externa como «creadora» o «causante» del mundo material. Existen otros modelos sofisticados sobre la mesa, como nos muestra con claridad el caso icónico de Einstein y como hemos visto una y otra vez en estas páginas.

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About Antonio García Maldonado

Antonio García Maldonado (Málaga, 1983), es analista y consultor político. Actualmente es asesor político y redactor de discursos de la Ministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España, Arancha González Laya. Es ensayista, autor de El final de la aventura (La Caja Books, 2020), editor y ocasional traductor. Junto al jurista Antonio Garrigues Walker ha publicado Manual para vivir en la era de la incertidumbre (Deusto, 2019, 5 ediciones) y Sobrevivir para contarla. Una mirada personal a la pandemia y al mundo que nos deja (Deusto, 2020). Ha sido asesor político y escritor de discursos del presidente Pedro Sánchez durante su primer Gobierno. También ha sido asesor en el Gabinete del presidente del Senado de España para el filósofo y presidente de la Cámara Alta Manuel Cruz. Ha sido analista jefe del servicio de riesgo-país de la consultora internacional LLORENTE & CUENCA (LLYC), además de consultor en América Latina, región en la que ha vivido intermitentemente los últimos años. Fue Business Intelligence Manager de la consultora The Search Group, en su sede central en Belgrado (Serbia). Es crítico de libros de no ficción de El Cultural del diario El Mundo, donde también escribe como analista de política internacional. Ha colaborado o colabora con regularidad en El Confidencial, The Objective, El Cultural y El Asombrario. Es también editor externo en el Grupo Planeta y redactor de informes literarios en la editorial Acantilado. Ha traducido, entre otros, a Francis Fukuyama, Jonathan Haidt, Bob Woodward, al marqués de Sade, William Kotzwinkle, H.D. Thoreau o Norman Mailer, cuyo libro ‘Miami y el sitio de Chicago’, prologó. Ha prologado la más reciente edición de ‘Viaje a la aldea del crimen’, de Ramón J. Sender. Fue traductor becado del Colegio Internacional de Traductores Literarios de Francia, en Àrles. Antes de eso, fue librero y se licenció en Economía.

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