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  • Pues si «sólo un ser finito tiene necesidad de ontología», esto significa también que sólo un ser finito puede tener necesidad de desplegar la dimensión de lo divino, en la medida en que ésta sólo puede tener su origen en la experiencia de la finitud.
  • En este sentido, a menudo falsamente interpretado como un «resto» de teología que mancha su pensamiento, Heidegger pudo ver en el hombre a ese mortal que mira en dirección a lo divino y pudo decir de la muerte que es el «cofre de la nada» a la vez que «el albergue del ser».
  • Precisamente el objetivo del conjunto de ritos funerarios es permitir a los allegados del difunto, así como al conjunto de la comunidad a la que pertenece, instaurar con el muerto una nueva relación que no pasa por la mediación del cuerpo.
  • Al leer a Sófocles, Hölderlin toma conciencia de que sólo hay propiamente tragedia cuando Dios se retira, de que la aspiración a la totalidad ya no tiene objeto y de que el hombre debe hacer el duelo de lo divino, que es lo que significa literalmente la palabra alemana con que se designa la tragedia, Trauerspiel, juego o espectáculo del duelo.
  • Lo que caracteriza la concepción heideggeriana del nacimiento de la filosofía es el hecho de que ésta es presentada como una reacción contra el ataque de la argumentación sofista que pretende encontrar una explicación «humana, demasiado humana» a todas las cosas, reacción que es propia de quienes desean salvaguardar la dimensión del asombro, que tanto Platón como Aristóteles reconocieron que era el arkhe, el principio que domina la filosofía desde el principio hasta el final.
  • La filosofía aparece por tanto bajo la forma de una conciencia de exilio y de separación, nacida de la experiencia de la pérdida de un acuerdo con el todo, pérdida de la que es testimonio la existencia misma del sofista. El amor a la sophia ya no es philia, es decir, relación armónica con el todo, sino tensión erótica suscitada por la carencia y nacida del divorcio, de la oposición sofista de la esfera humana al todo.
  • El thaumazein, el asombro ante el ente en su conjunto…
  • Por esto, concluye Hegel, «la filosofía debe cesar cuando empieza la religión; frase asombrosamente parecida a la que escribe Kant […]: «Tuve, pues, que suprimir el saber para dejar sitio a la fe«.
  • La creación, la revelación y la redención constituyen las tres dimensiones del tiempo, el pasado, el presente y el futuro, que sólo pueden ser comprendidas desde la perspectiva religiosa.
  • La muerte de Cristo es, por tanto, la posición que la conciencia de sí universal y la muerte del Dios trascendente. Lo que muerte es tan sólo la esencia abstracta de Dios considerada como sustancia. Hallamos así en Hegel, antes de que aparezca en Nietzsche, la afirmación de que «Dios ha muerto».
  • Novalis: «El acto filosófico auténtico es el suicidio; es el comienzo real de toda filosofía, es a lo que tienden todas las necesidades del futuro filósofo; y sólo este acto se ajusta a las condiciones y a las características de una acción trascendental».
  • Si en cierto modo podemos aceptar la existencia y lo dado, sin llegar a entender jamás por qué existe algo y no la nada, en cambio nos parece imposible resignarnos a la idea de la destrucción absoluta, del aniquilamiento puro y simple de nuestro ser. La cuestión del origen de las cosas es sin duda una fuente de inquietud para nuestro entendimiento, pero la cuestión de su fin constituye el tormento de todo nuestro ser.
  • Asombro es lo que nos causa descubrir «la maravilla de las maravillas» (Hidegger), de que existe el ente y no más bien la nada, pero es terror lo que suscita en nosotros la certeza de nuestra muerte, ese conocimiento de algo que no puede ser sabido ni comprendido, al que está fuera del tiempo y fuera del mundo, algo que nunca se vuelve fenómeno, pero a lo que nos acercamos tal vez con el horror sin nombre que suscita en nosotros la visión del cadáver.
  • Esta extraña presencia de la muerte es la que, a pesar de «este instinto secreto» que lleva al hombre a «buscar en lo exterior diversión y ocupación» [EUGENIO d´ORS], puede irrumpir en cualquier momento, y se convierte en el huésped inquietante de todas las fiestas de la vida. Es preciso dar aquí de nuevo la palabra a Novalis, este poeta filósofo sobre cuya corta existencia se extendió constantemente la sombra de la muerte:

Solo un pensamiento, un pavoroso sueño

Turbaba los placeres de la fiesta,

Llenaba el alma de profundo espanto […]

Era la Muerte, -angustiada, duelo y lágrimas-

Que sorprendía a los felices hombres

En medio del festín.

  • Nietzsche pudo definir al hombre como «el animal no fijado», es decir, el animal que todavía no ha sido capaz de determinar lo que podría constituir la plenitud de su ser propio, su realización específica. Esto explica que el ser humano tienda a juzgar que su existencia, por larga que sea, siempre es demasiado breve y que su muerte siempre le parezca prematura.
  • Parece evidente que si el animal puede perecer habiendo realizado todo aquello de que era capaz, si puede haber alcanzado ese acabamiento que los griegos llamaban areté, el mérito o la cualidad específica por la que sobresale, de modo que no tendría ya ningún sentido prolongar su vida, no ocurre lo mismo con el hombre, que siempre muere antes de haber agotado todas las posibilidades de su ser, de manera que su muerte parece una violencia que le impide realizar una cosa que todavía no ha hecho.
  • Kant afirma así que existen dos fuentes distintas del conocimiento: la sensibilidad por la que se nos dan los objetos, y el entendimiento por el que los pensamos. A partir de ahí, todo el problema reside en la definición del conocimiento humano: ¿se trata de un pensamiento intuitivo o de una intuición pensante?
  • ¿Se ha destacado suficientemente a este respecto que in-finito es una palabra negativa, que implica la superación de los límites que primero hay que trazar?
  • Mallarmé, el poeta que mejor supo descubrir «el mayor privilegio del lenguaje, que no es expresar un sentido, sino crearlo».
  • En efecto, sólo a partir de una obscuridad sin fondo puede desplegarse el claro del mundo…
  • En la risa experimentamos que vivimos «para nada», que vivimos sin razón, y que no hay que buscar razones ni expiar el hecho de existir. Entonces experimentamos lo que Nietzsche llamó con razón «la inocencia del devenir». Comprendemos que la muerte no es el castigo de una falta que nos correspondería por el simple hecho de haber nacido, sino lo que nos permite simplemente estar ahí. De modo que paradójicamente en la risa mantenemos la relación más auténtica con nuestra propia mortalidad.
  • La existencia humana […] «es sin porqué» y la clara conciencia de esta radical ausencia de razón es la que provoca la risa, esta emoción propia del hombre, que es un ser libre.
  • Esta ausencia de fundamento y esta amoralidad del juego cósmico, del que no hay liberación deseable ni posible, y esta realiza de la finitud son totalmente desconocidas en lugares como las sociedades de la era industrial y posindustrial, es decir, en una extensión cada vez mayor del planeta, donde la muerte ha caído en el olvido.

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About Antonio García Maldonado

Antonio García Maldonado (Málaga, 1983), es analista y consultor político. Actualmente es asesor político y redactor de discursos de la Ministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España, Arancha González Laya. Es ensayista, autor de El final de la aventura (La Caja Books, 2020), editor y ocasional traductor. Junto al jurista Antonio Garrigues Walker ha publicado Manual para vivir en la era de la incertidumbre (Deusto, 2019, 5 ediciones) y Sobrevivir para contarla. Una mirada personal a la pandemia y al mundo que nos deja (Deusto, 2020). Ha sido asesor político y escritor de discursos del presidente Pedro Sánchez durante su primer Gobierno. También ha sido asesor en el Gabinete del presidente del Senado de España para el filósofo y presidente de la Cámara Alta Manuel Cruz. Ha sido analista jefe del servicio de riesgo-país de la consultora internacional LLORENTE & CUENCA (LLYC), además de consultor en América Latina, región en la que ha vivido intermitentemente los últimos años. Fue Business Intelligence Manager de la consultora The Search Group, en su sede central en Belgrado (Serbia). Es crítico de libros de no ficción de El Cultural del diario El Mundo, donde también escribe como analista de política internacional. Ha colaborado o colabora con regularidad en El Confidencial, The Objective, El Cultural y El Asombrario. Es también editor externo en el Grupo Planeta y redactor de informes literarios en la editorial Acantilado. Ha traducido, entre otros, a Francis Fukuyama, Jonathan Haidt, Bob Woodward, al marqués de Sade, William Kotzwinkle, H.D. Thoreau o Norman Mailer, cuyo libro ‘Miami y el sitio de Chicago’, prologó. Ha prologado la más reciente edición de ‘Viaje a la aldea del crimen’, de Ramón J. Sender. Fue traductor becado del Colegio Internacional de Traductores Literarios de Francia, en Àrles. Antes de eso, fue librero y se licenció en Economía.

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