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  • -el psicoanálisis genera mucha resistencia pero también mucha atracción, ya que en medio de la crisis de la experiencia, todos aspiramos a una vida intensa. Dice Piglia: «En medio de nuestras vidas secularizadas y triviales, nos seduce admitir que en un lugar secreto experimentamos o hemos experimentado grandes dramas, que hemos querido sacrificar a nuestros padres en el altar del deseo y que hemos seducido a nuestros hermanos y luchado con ellos a muerte en una guerra íntima y que envidiamos la juventud y la belleza de nuestros hijos y que también nosotros (aunque nadie lo sepa) somos hijos de reyes abandonados al borde del camino de la vida».
  • -Parece natural el hecho de que todos necesitamos una historia; nuestra propia historia. […] Sobre esta vulnerabilidad se apoya la estrategia del storytelling.
  • -Los grandes relatos que jalonan la historia humana, desde Homero hasta Tolstoi y desde Sófocles hasta Shakespeare, contaban mitos universales y transmitían las lecciones de las generaciones pasadas, lecciones de sabiduría, fruto de la experiencia acumulada. El storytelling recorre el camino en sentido inverso: pega sobre la realidad unos relatos artificiales, bloquea los intercambios, satura el espacio simbólico con series y stories.
  • -el relato a la vez un factor de innovació y de cambio, un vector de aprendizaje y una herramienta de comunicación. El relato constituye una respuesta a la crisis del sentido en las organizaciones y un método para construir una identidad de empresa. Estructura y formatea la comunicación, en honor a los consumidores y los accionistas.
  • -El storytelling es por lo tanto una operación más compleja de lo que se podría creer a primera vista: no se trata sólo de «contar historias» a los asalariados, de ocultar la realidad con un velo de ficciones engañosas, sino también de compartir un conjunto de creencias capaces de suscitar la adhesión o de orientar los flujos de emociones; en resumen, de crear un mito colectivo constrictivo.
  • -El storytelling management puede por lo tanto definirse como el conjunto de técnicas que organizan esta nueva «prolijidad» productiva, que sustituye al silencio de los talleres y las fábricas.
  • -William Safire se burlaba de los que calificaba de politerati (literalmente políticos literarios) y de la Vulgata «narratológica» que se había apoderado de los spin doctors sobre la marcha del éxito que tuvo en Estados Unidos el análisis estructural de los relatos –inaugurado por Roland Barthes, Gérard Genette, Algirdas Greimas y algunos otros, que abrieron el camino a una nueva disciplina bautizada por Tzvetan Todorov como narratología, la ciencia de los relatos. La idea de Barthes según la cual el relato es una de las grandes categorías del conocimiento que nos permite comprender y ordenar el mundo, nacida en París en un pequeño círculo de investigadores de la Escuela de Altos Estudios, había tenido tal éxito en Estados Unidos que estaban en fase de convertirse en el huevo de Colón de la ciencia política. Es sin duda la primera vez que Roland Barthes encontraba un sitio en un editorial del New York Times dedicado a las elecciones norteamericanas, pero mostraba hasta qué punto la ciencia política había interiorizado el lenguaje y los conceptos de la crítica literaria de los años sesenta.
  • -«espíritu de nuestra época», calificado de posmoderno y que privilegiaría, tras el reflujo de los grandes relatos, las anécdotas, el espejismo de pequeñas historias que ilustran la competencia feroz de los valores y vectores de legitimación.
  • -Según Richard Rose, autor en 1998 del libro The Postmodern President, «la clave de una presidencia posmoderna es la capacidad para conducir (o fabricar) la opinión. El resultado es una especie de campaña electoral permanente».
  • -¿Es posible, todavía hoy, esta ilusión, cuando las fuentes, las formas y los productores de enunciados han explotado, produciendo esa pululación de signos enigmáticos que Jean-François Lyotard definió como la «condición posmoderna»? ¿Cómo federar la exposición de prácticas discursivas en Internet? ¿Cómo comunicar en el caos de los saberes fragmentados sin el auxilio de una figura común de legitimación? ¿Cómo dar un sentido a unas experiencias sociales y profesionales caracterizadas por el desmoronamiento del tiempo largo y la precariedad? ¿Cómo construir conjuntos, una serie lógica o cronológica? ¿Cómo tratar los conflictos de interés, las colisiones ideológicas y religiosas, las guerras culturales? Son algunas de las preguntas a las que se enfrentan la palabra «política» y todos los que se encargan de su expresión, ya sean periodistas o políticos, consejeros del príncipe, especialistas en marketing político o redactores de discursos. Así es cómo el storytelling se ha impuesto como la fórmula mágica capaz de inspirar la confianza e incluso la creencia de los electores-sujetos.
  • -El caos de los saberes fragmentados ha favorecido el «giro narrativo» de la comunicación política y la llegada de una nueva era, la era performativa de las democracias, que ya no tendrá como mascarón de proa a los consejeros del príncipe, los Talleyrand o los Mazarino, sino a profetas y gurús, los spin doctors de los partidos, embriagados por su poder de narración y mistificación. Y como modus operandi el storytelling, único capaz de de aprisionar en una única garra la dispersión de los intereses y los discursos. Nunca sin suda ha sido tan impositiva la tendencia a considerar la vida política una narración engañosa que tiene como función sustituir a la asamblea deliberativa de los ciudadanos por una audiencia cautiva, a la vez que mina una socialización que no tendría ya nada en común ás que con series de televisión, autores y actores, para construir así una comunidad virtual y ficcional. Esta deriva es tan sorprendentemente fluida, difusa en el espíritu de la época, mezclada con nuestra atmósfera más íntima como con el clima general de la época, que pasa desapercibida. Incluso es la clave de su irresistible éxito.
  • -La capacidad para estructurar una visión política no con argumentos racionales, sino contando historias, se ha convertido en la clave de la conquista del poder y de su ejercicio en unas sociedades hipermediatizadas, recorridas por unos flujos continuos de rumores, de falsas noticias, de manipulaciones. Ya no es la pertinencia la que presta la a palabra pública su eficacia, sino la plausibilidad, la capacidad para conseguir la adhesión, para seducir, para engañar (como el famoso eslogan «Trabajar más para ganar más» de Nicolas Sarkozy durante la campaña presidencial francesa de 2007). El éxito de una candidatura no depende ya de la coherencia de un programa económico ni de la pertinencia de las soluciones propuestas, ni siquiera de una visión lúcida de las apuestas geoestratégicas o ecológicas, sino de la capacidad para movilizar en su favor grandes corrientes de audiencia y adhesión… Si el arte de la novela constituía una forma de enunciación paradójica de la verdad que Aragon definía como un mentir verdadero, los spin doctors practican el storytelling como un arte del engaño absoluto, un mentir falso, si se puede decir, una forma nueva de desinformación.
  • -[Concepto] Ostentan una nueva concepción de las relaciones entre la política y la realidad: los dirigentes de la primera potencia mundial dan la espalda no sólo a la realpolitik, sino al mero realismo, para convertirse en creadores de su propia realidad, maestros de las apariencias, reivindicando lo que podríamos llamar una realpolitik de la ficción.
  • -Los nuevos relatos que nos propone el storytelling, evidentemente, no exploran las condiciones de una experiencia posible, sino las modalidades de su sometimiento.
  • -El auge del storytelling no anuncia por lo tanto obligatoriamente el triunfo de una nueva era orwelliana. A través de la conminación a los relatos lanzada por todas las instancias de poder, asistimos en efecto a la emergencia de un nuevo orden narrativo. Pero también se afirman como resistencia unas prácticas simbólicas cuyo objetivo es detener la máquina de fabricar historias, «desenfocando», desincronizando sus relatos. Nada menos que una contranarración. Como escribía Michael Foucault: «Hay que escuchar el estruendo de la batalla»:

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About Antonio García Maldonado

Antonio García Maldonado (Málaga, 1983), es analista y consultor político. Actualmente es asesor político y redactor de discursos de la Ministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España, Arancha González Laya. Es ensayista, autor de El final de la aventura (La Caja Books, 2020), editor y ocasional traductor. Junto al jurista Antonio Garrigues Walker ha publicado Manual para vivir en la era de la incertidumbre (Deusto, 2019, 5 ediciones) y Sobrevivir para contarla. Una mirada personal a la pandemia y al mundo que nos deja (Deusto, 2020). Ha sido asesor político y escritor de discursos del presidente Pedro Sánchez durante su primer Gobierno. También ha sido asesor en el Gabinete del presidente del Senado de España para el filósofo y presidente de la Cámara Alta Manuel Cruz. Ha sido analista jefe del servicio de riesgo-país de la consultora internacional LLORENTE & CUENCA (LLYC), además de consultor en América Latina, región en la que ha vivido intermitentemente los últimos años. Fue Business Intelligence Manager de la consultora The Search Group, en su sede central en Belgrado (Serbia). Es crítico de libros de no ficción de El Cultural del diario El Mundo, donde también escribe como analista de política internacional. Ha colaborado o colabora con regularidad en El Confidencial, The Objective, El Cultural y El Asombrario. Es también editor externo en el Grupo Planeta y redactor de informes literarios en la editorial Acantilado. Ha traducido, entre otros, a Francis Fukuyama, Jonathan Haidt, Bob Woodward, al marqués de Sade, William Kotzwinkle, H.D. Thoreau o Norman Mailer, cuyo libro ‘Miami y el sitio de Chicago’, prologó. Ha prologado la más reciente edición de ‘Viaje a la aldea del crimen’, de Ramón J. Sender. Fue traductor becado del Colegio Internacional de Traductores Literarios de Francia, en Àrles. Antes de eso, fue librero y se licenció en Economía.

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