Las elecciones del próximo domingo se han convertido en un plebiscito sobre España. Más en concreto, sobre la España democrática a la que dio forma la Constitución de 1978. El consenso sobre esta España entró en crisis con los efectos de la Gran Recesión, pero lo rompió en un extremo el independentismo catalán al echarse al monte de la unilateralidad contra la mitad de su propia población y las leyes democráticas. Un viaje a ninguna parte que, ahora lo vemos, ha incluido la contemporización con algunas formas de violencia.