Aunque se da por superado el momento crítico del populismo reaccionario que supuso el 2016 del Brexit y Trump, 2017 no ha sido un mal año para su vanguardia. Trump presenta cifras macroeconómicas envidiables y Wall Street está en máximos, Reino Unido sigue creando empleo, Orban y Kaczynski presumen de niveles de estabilidad e incluso popularidad en Hungría y Polonia que ya quisieran muchos de sus colegas europeos. La República Checa acaba de reelegir a un presidente claramente antieuropeo y prorruso, además de haber dado la mayoría previamente en las legislativas a una suerte de Berlusconi de Malá Strana.