Las buenas intenciones no bastan. Ni en la vida privada ni en la pública. Menos aún en la colectiva: la historia está llena de cadáveres producto de las mejores intenciones y de los propósitos más loables. El vilipendiado Neville Chamberlain los tenía (nada menos que salvar a una generación de jóvenes de la guerra y la muerte …