“La catástrofe avanzaba y Koestler no paraba de equivocarse”, escribe Jorge Freire (Madrid, 1985) en Nuestro hombre en España, su recién publicada biografía del escritor húngaro. Es una frase que podría resumir la biografía de cualquier ser humano. La vida, excepto para algunos afortunados muy seguros de sí mismos, es poco más que eso. Lo que la hace especialmente interesante en el caso de Arthur Koestler es que él no se “equivocó” al elegir sus parejas –más bien sus parejas se equivocaron– o comprar la segunda casa cerca de la playa o la sierra, sino al abrazar unas ideas y no otras. El siglo XX puso en una encrucijada moral y vital a sus mejores hijos, y Koestler fue testigo privilegiado y desgarrado de este cruce de caminos.