España es un país raro. Admirablemente raro. En menos de dos generaciones ha pasado de la Edad Media a la modernidad. Del analfabetismo a las universidades en cada capital. De los burros con los serones al AVE. De la emigración forzada a la absorción sin trauma de grandes cantidades de personas de distintos orígenes y condiciones. Del Vente a Alemania, Pepe al «cómprate la casa de tu vida en la Costa del Sol». De la Ley de Maleantes y Vagos a la del Matrimonio Igualitario. De Bodas de sangre a los top-less generalizados en Tarifa. Somos ya, en muchos casos, vanguardia. O hemos vuelto a serlo tras más de cuatro siglos aplastados por la realidad y su exageración historiográfica en forma de Leyenda Negra.