Si la democracia está en crisis allí donde se ejerce, su idea como faro y destino de regímenes autoritarios o dictaduras económicamente eficaces se ha resentido de forma alarmante, si no definitiva. La desafección democrática en Occidente difícilmente acabará con ella, pero más peligroso para el futuro de nuestras sociedades es la renuncia de China no ya a ejercerla algún día, sino la desinhibición con la que muestra su tránsito acelerado hacia un régimen dictatorial, vigilante y, ahora, otra vez personalista. Hasta la llegada de la crisis, el consenso de los análisis veía muy probable la llegada a medio plazo de valores democráticos y liberales a un país donde la clase media crecía por millones cada año.