Winston Churchill, como erudito y político de gran oratoria, no solo era imprevisible, sino también divertido en sus intervenciones públicas. En cambio, el recurso a sus citas –reales o atribuidas– es una de las costumbres más previsibles de la conversación pública. Especialmente cuando se trata de posicionarse ante un conflicto con una posible derivación bélica. Esto puede comprobarse fácilmente cada vez que leemos análisis que pretenden recordarnos que la vieja política del «apaciguamiento» ante Hitler, practicada por Reino Unido contra el criterio de Churchill, fue un inmenso error que la humanidad pagó a un alto precio con la Segunda Guerra Mundial. La frase más representativa de dicha crítica decía: «Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra… elegisteis el deshonor, y ahora tendréis la guerra»; el apaciguamiento no ha pasado con buena imagen a la historia.