l 23 de febrero de 1981, guardias civiles entraron armados al Congreso y secuestraron a los diputados. En Valencia, los tanques salieron a la calle bajo las órdenes del teniente general Milans del Bosch. La recién estrenada democracia española estaba visiblemente en peligro, y los más señalados por su militancia antifranquista corrieron a esconderse. Una década antes, pronunciamientos similares habían acabado con las democracias chilena o argentina, entre otras, y cuarenta años atrás, un golpe similar, que derivó en una guerra civil de tres años, terminó con la II República. La forma de acabar con una democracia estaba clara: un golpe de Estado por parte de sus enemigos con apoyo militar interno y/o de una potencia extranjera.

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