La muerte de la actriz Verónica Forqué ha vuelto a traer al debate público el suicidio, y más concretamente, el de cómo debe tratarse en una sociedad en la que ha primado hasta ahora el tabú sobre otras consideraciones. El suicidio es un abismo para quien lo contempla desde fuera, y una salida fatal del mismo –pero salida, al fin y al cabo– para quien lo ejecuta. Siendo así, se entiende que la mayoría de las culturas hayan tendido a esconderlo, cuando no a castigarlo con amenazas de represalias divinas a quien lo intentase.