Me contaban mis mayores que, al inicio de la Transición, era habitual escuchar lamentos sobre distintos males –o lo que se percibían como tales– con la expresión: «Eso por la democracia y la poca vergüenza». Una asociación que en nuestro país se sostenía en el hecho de que la liberación política y moral hubieran venido de la mano. Pero que también ha existido y existe en otros países, caso de Italia y la tendencia de los italianos de culpar de todo a sus gobernantes, que han hecho méritos históricos para ganarse el sarcástico «piove, porco governo». Allí donde existe la democracia, existe la queja hacia la propia democracia, sus imperfecciones y sus ineficiencias, singularizadas en los distintos dirigentes que la representan en cada momento.