Si se hace caso a las descripciones que se leen en medios o en redes, de un tiempo a esta parte todo se ha llenado de distopías. Cine, series y libros se han poblado de futuros inhabitables por razones diversas, bien morales, bien tecnológicas o políticas. Algo propio de la falta de horizontes que define nuestros días, en los que la idea del progreso se ha difuminado, cuando no desvanecido. Por decirlo con Bauman, ante la imposibilidad de la utopía, surgen las retropías que veneran el pasado, pero también mundos distópicos en los que vuelve una teocracia feroz, como en El cuento de la criada, otros en los que la tecnología domina y aliena, como en Black Mirror, o en los que la política autoritaria se impone, como en Years and Years. También futuros en los que la Tierra ha sido esquilmada y destruida por los humanos, como en WALL.E, o en los que una pastilla nos dará acceso a un mundo feliz pero irreal, como en Matrix. Películas, series y libros que suelen ser considerados como parte de la vanguardia crítica de la sociedad.