Hace unas semanas publiqué un artículo en el que reflexionaba sobre la relación entre el trabajo y la identidad. Lo hacía con sentido crítico hacia políticas económicas y laborales determinadas –y predominantes–, y me enfocaba en eso que se ha dado en llamar “flexiseguridad”: proteger al trabajador, no tanto el trabajo. Mi crítica se centraba en el modelo de sociedad dispersa que favorece o refuerza, donde aumenta la dificultad para establecer y mantener lazos sólidos con la familia, los amigos, la pareja; en resumen, la casi imposibilidad de incardinarse en una comunidad de afectos que dé estabilidad y sentido a la vida en un momento de especial incertidumbre.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Category

articulos