Desde hace años tengo la costumbre de buscar y detenerme en situaciones en las que pueda estar seguro de que alguien de hace mil, dos mil o cuatro mil años hubiera vivido exactamente igual. Momentos de desintermediación histórica en los que se borran de un plumazo todos los artilugios y todos los progresos. En los que, de alguna forma, uno vive en su momento histórico y en todos los momentos históricos.