La irrupción de Internet, las redes sociales y determinados avances científico-técnicos llevaron a muchos a pronosticar una transformación radical del poder. Se hablaba de estructuras en red que lo repartirían y controlarían mejor, además de hacerlo más eficiente. La deliberación digital y la toma de decisiones de abajo arriba daría lugar a lo que el ensayista Steven Johnson llamó «peer progresive» o par progresista: ese ciudadano comprometido con la igualdad y el papel del Estado en la redistribución de la riqueza, pero también desconfiado de su poder y razonablemente optimista respecto a la capacidad del mercado para crear riqueza.