Es un lugar común destacar la novedad y el cambio. Y es lógico que así sea, inmersos como estamos en una nueva revolución industrial y en una transición ecológica que va a trastocar muchas cosas que dábamos por seguras, si no por eternas. A diario leemos o escuchamos sobre vaticinios, nuevos artilugios y posibilidades, sobre cómo será el mundo en 2100, o si seguiremos existiendo unos siglos más tarde. Pero igual de sorprendente que las transformaciones, si no más, es lo perdurable, lo que nos acompaña sin hacer mucho caso a los avances, ajeno a promesas y desahucios prematuros.