Uno de los comentarios más habituales de los españoles que recorren países europeos es lo bien cuidados que están los pueblos o ciudades pequeñas por las que pasan o que visitan, ya sea la campiña francesa, la Inglaterra rural o los núcleos urbanos en Alemania. Una realidad que contrasta con la experiencia española de edificios de aluvión que desentonan en los barrios o en los centros históricos, o con las grandes obras de arquitectos estrella que rompen el estilo y la perspectiva.