La ciencia convive con la literatura cuando nombra y explica fenómenos. Lo hemos vuelto a ver con la erupción del volcán de La Palma, cuya descripción como «estromboliano» tiene tantas reminiscencias geográficas como cinematográficas e históricas. Es más habitual todavía en astrofísica, pues no en vano esta disciplina se ocupa de un espacio al que la humanidad se ha dirigido desde que está sobre la Tierra, y al que lo mismo se echaba la culpa de todos los males que padecían, como se buscaba en él la salvación y el amparo. Hacer el cosmos a medida de nuestro entendimiento limitado ha llevado a que buscáramos la forma de los dioses uniendo puntos entre estrellas, a imaginar una historia alegórica para cada uno de ellos. E incluso a concederles algún tipo de poder sobre nuestras vidas personales, como atestigua la llamativa supervivencia de los horóscopos en medios serios.