Entre los problemas del Brexit más comentados de las últimas semanas ha estado el de la falta de camioneros en el Reino Unido. Una situación achacable a la salida de aquel país de la Unión Europea y su mercado, pero que en última instancia remite a un problema más general de la profesión, aunque en otras partes del mundo se viva con menos angustia: nadie parece querer ser camionero, de modo que la flota, con un número considerable de conductores al borde de la jubilación, mengua sin remedio. Y los pocos que sí quieren serlo, prefieren ejercer en el continente, donde operan con más facilidad y oportunidades. Un impedimento logístico que se añade al atasco de las cadenas de valor globales y que genera un cuello de botella más en un problema de oferta que se nota, además, en los precios.