Una de las críticas habituales ante determinadas propuestas suele incidir en lo caducas de las mismas, en que con viejas recetas no se pueden afrontar nuevos problemas. Ocurre en general, no sólo en el debate político o económico, pero es aquí donde resulta más efectivo. En esencia, se habla de «lo nuevo» frente a «lo viejo», en consonancia con la nueva línea divisoria que pretende sustituir ejes clásicos de distinción, como malo y bueno en términos morales, o izquierda y derecha en el análisis político.

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