La toma del Capitolio de Estados Unidos por parte de una horda de partidarios fanatizados del derrotado Trump puso letra concreta a una melodía que llevaba tiempo sonando: la de la impugnación radical de las instituciones liberales que creíamos imbatibles. En aquellos primeros días de enero de 2021 resistieron, y el ganador de las elecciones, Joe Biden, terminaría por tomar posesión pocos días después. Pero ¿qué ocurrirá en países con un sistema institucional menos sólido sin los proverbiales checks and balances de Estados Unidos y con sociedades civiles menos articuladas? Muchas son las dudas que generan casos como el de un Brasil donde su presidente, émulo de Trump, afirma que del poder solo lo apartará Dios; o, sin ir tan lejos, tampoco conocemos el desenlace de las posiciones que los líderes de Polonia y Hungría en la Unión Europea. La democracia liberal, entendida como el virtuoso equilibrio entre la decisión de las mayorías y el respeto de los derechos individuales incluso contra el deseo de dichas mayorías, está en peligro. O maltrecha, como la describe el profesor y ensayista José María Lassalle (Santander, 1966), en su último libro, El liberalismo herido (Arpa, 2021).

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