El debate en torno a la jornada laboral y su posible reducción ha vuelto a cobrar relevancia mediática estos días. Hace unas semanas conocíamos la carta de unos trabajadores del banco de inversión Goldman Sachs en la que solicitaban una reducción desde las 90 horas semanales a 85 (!): «Es inhumano», escribían tras relatar episodios de estrés intenso. A su vez, el pasado domingo, a raíz de dicha misiva el diario EL PAÍS publicó un reportaje en el que se describían prácticas laborales asentadas en grandes bancos, despachos de abogados o empresas auditoras. La crítica y el rechazo fueron generalizados, aunque los escasos defensores de estas prácticas aludían a determinados atenuantes: suelen ser pocos años que después rinden toda la vida y, en última instancia, es responsabilidad de cada uno.