Todo movimiento que se reclama revolucionario tiene hitos fundacionales. Sus líderes se encargan de recordarlos, especialmente durante momentos de crisis. La mención de la toma del palacio de invierno fue permanente en la URSS. El castrismo tuvo Sierra Maestra o la invasión de Bahía Cochinos. El chavismo habla con emoción del fallido golpe de Estado de 1992, tras cuyo fracaso el comandante Chávez dijo aquello de que «todavía» no había alcanzado sus objetivos. En el caso de la revolución sandinista, que acabó con la saga de los Somoza en 1979, ocupa un lugar especial la ciudad de Masaya, cercana a la capital, y en concreto el barrio indígena de Monimbó.