Se consumó el Brexit, y del hastío nace un alivio pasajero. Reconfortan las imágenes de los eurodiputados británicos emocionados y cantando junto al resto de parlamentarios el himno escocés Auld Lang Syne. Hasta el punto de que reverdeció por unas horas en el ánimo de los remainers la posibilidad de volver pronto al club comunitario. Esperanza que se justifica por la fractura generacional de Reino Unido, donde los jóvenes votaron muy mayoritariamente por la permanencia, frente a los mayores de 60, abrumadoramente a favor de la salida. Pero conviene no llamarse a engaño, ni sobre la posibilidad ni sobre la deseabilidad de que esto suceda.