Hay una relación inversamente proporcional entre las colas a las puertas de las administraciones de lotería y la llegada de la Navidad. No hace falta vivir cerca de la mítica ‘Doña Manolita’ del centro de Madrid para darse cuenta: cualquier establecimiento de loterías, sin importar la ciudad, luce concurrido y con gente aguardando para comprar sus décimos. Cada uno tiene su número de la suerte, o se aferra a alguna cifra que recuerde fechas importantes en el calendario. He escuchado que este año es muy solicitado el número que coincide con la fecha del inicio de la erupción del volcán de La Palma. En esas colas, o en las conversaciones familiares, es habitual escuchar que este año tal o cual pariente tiene el presentimiento de que le toca. Esta vez, sí.