Cuando a principios del siglo XX, Gustav Mahler comenzó a realizar giras para dirigir conciertos de composiciones propias y ajenas, pensó en Latinoamérica como el siguiente paso tras sus trabajos en varias ciudades de Estados Unidos. Empezaría por Argentina, y de allí quién sabe cuánto habría tardado en retomar dirección norte y recalar en Bogotá si no hubiera muerto precipitadamente en 1911. Apenas unos meses antes, el 12 de septiembre de 1910, había estrenado en Munich la Octava sinfonía en su último concierto, obra que poco más de un siglo después llegó a la capital colombiana de la mano de la Orquesta Filarmónica de Bogotá (OFB). Asistí al auditorio, y hoy recuerdo fascinado la vida de Mahler tras releer algunos libros sobre su vida, con algunas de sus sinfonías de fondo.