La llegada a la Presidencia de la República francesa de Emmanuel Macron ha vuelto a situar en los titulares la palabra «grandeur». El joven presidente parece empeñado en devolverle al cargo un lustre que, en su opinión, habría perdido con el «bling-bling» Sarkozy y el «normal» Hollande. Vuelven las cumbres internacionales y los grandes desfiles y paradas militares en los que recordamos a los hieráticos De Gaulle y Mitterrand. Ahora con la bandera de la Unión Europea y con la Orquesta Nacional versionando a Daft Punk ante el presidente americano. Peaje posmoderno, pero en el fondo todo es profundamente francés. ¿De dónde nace este interés por la estética política?

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