Hace diez años fui a las Alpujarras, Granada, para hablar en un congreso sobre Gerald Brenan. Yo había publicado una obra de teatro inédita del escritor y la presentaría en conversación con el albacea literario de Brenan, Carlos Pranger. El hispanista inglés había vivido en la zona en varias épocas, la primera en 1919 tras participar heroicamente en la Primera Guerra Mundial, y las charlas tenían lugar en Pitres, cerca de su última casa en la región, en Mecina Fondales. La jornada inaugural fue en Yegen, donde un fotoperiodista insistió en hacernos una fotografía a varios de los participantes en la escalera de la primera casa de Brenan. Es una foto que conservo enmarcada desde que uno de los que aparecen en ella murió de forma repentina. Había entablado una cambiante amistad, no exenta de desencuentros pero siempre sincera, con el traductor Miguel Martínez-Lage desde aquellas jornadas, y su fallecimiento en 2011 me conmocionó.