Es una inercia habitual e inevitable que a una determinada época le sigan definiciones sencillas que busquen abarcarla. La simplificación terminológica es una constante, y no ha sido sólo un trabajo de historiadores sobre momentos lejanos, sino que son habituales también en la prensa o en los ensayos más presentistas respecto a sucesos actuales. Un fenómeno tan complejo, con tantas aristas y sectores afectados de distinta manera, con tantos efectos distintos y distantes, como fue la crisis financiera de 2008 y sus derivadas sociales, políticas e institucionales, se resumió en el sintagma de la Gran Recesión. Y, mucho antes, en el primer tercio del siglo XX, a los años transcurridos entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, con toda la agitación política, el auge de los fascismos y el frenesí social, se los conoce con el generalizador nombre de Periodo de Entreguerras. Expresiones que, apenas se formulan o se escriben, tienen una enorme capacidad evocadora de la que van derramándose los detalles y aspectos concretos.