Cuesta pensar que los británicos puedan hacerse una idea precisa de los males del Brexit si, apenas aprobado en referéndum, España les manda a su capital a Ignacio Peyró (Madrid, 1980), que llega por los tejados de Chelsea cual Mary Poppins colgado del paraguas de su inteligencia y bonhomía. Lo hace en calidad de director del Instituto Cervantes de Londres, pero daría igual si se fuera de barman, de au pair o de sastre. Ellos ganan, nosotros perdemos.