De los conceptos e ideas que instintivamente asociamos a reformas y progreso, la flexiseguridad ha tenido especial protagonismo al calor de una razón coyuntural como es la crisis económica, y de dos razones estructurales: la creciente competitividad asiática y el cambio tecnológico. Para ser competitivos, ahora asumimos que es mejor “proteger al trabajador, no el trabajo”. Con más o menos entusiasmo, los principales partidos europeos han incluido esta idea bien en sus programas o, a regañadientes, en sus políticas de gobierno, con prioridad casi exclusiva en la flexibilización…