Con mucha frecuencia, ante cualquier asunto que ha levantado alguna polémica, se ofrece la transparencia como remedio. Si las remuneraciones de un ejecutivo global o de un futbolista causan escándalo se tira, así, del recurso de la transparencia, defendiendo que las cuentas están auditadas y los libros a nuestra disposición. A la respuesta, además, se le suele adosar una justificación teórica de explicación técnica y exculpación moral: si yo gano más, estoy más incentivado, ergo lo hago mejor. De paso invierto más, por tanto, genero más empleo. En definitiva, todos contentos. La clave, en cualquier caso, es que no se oculte la realidad, y que ante cualquier aspaviento indignado pueda ofrecerse un conveniente «a mí que me registren».