En los últimos días de la campaña electoral de las presidenciales francesas, uno de los estudios demoscópicos arrojó un dato curioso: apenas el 3% de los electores del actual presidente afirmaba votar por el candidato Macron por «entender bien los problemas de la gente», frente a un 42% de los electores de la candidata de Reagrupamiento Nacional que decía que lo haría por esa razón. Al mismo tiempo, las encuestas han mostrado que Macron ampliaba y consolidaba en esos días de campaña su distancia con Le Pen. El dato nos habla, en primer lugar, de la distinta relación que tienen los votantes de uno y otro bloque con su propio candidato: más frialdad en el caso de Macron –que ofrece a sus partidarios más confianza para gestionar crisis y más estatura presidencial–, y más apego y conexión en el caso de los de Le Pen –que en cambio puntúa bajo en esos aspectos cruciales para la presidencia–.