Es un dilema propio del verano –y de las vacaciones largas en general– para quienes tenemos hijos: ¿hacer algún viaje con ellos? ¿O privilegiar la estancia larga en un sitio donde tengan cerca amigos y amigas, el mar o un río donde jugar y cansarse? Por supuesto, la comodidad propia cuenta, y los medios condicionan, pero en mayor o menor grado, se trata de una duda razonable y habitual en muchas familias cuando llega el verano y se acaba el colegio.