Aunque Antonio García Maldonado (Málaga, 1983) es consultor y profesor de asuntos públicos y se desempeña como asesor político y redactor de discursos, su mirada busca trascender la coyuntura a la que se debe y responder a una de las grandes preguntas de nuestro tiempo: ¿Por qué, pese a tantos avances científico-técnicos, vivimos una era de malestar creciente con nuestra realidad? ¿A qué se debe el malestar? Este ensayista, que ha trabajado en los gabinetes de la Presidencia del Gobierno y del Senado, y que actualmente lo hace en el Ministerio de Asuntos Exteriores, hermana academia y cultura popular en El final de la aventura (La Caja Books, prologado por Manuel Cruz), un libro absorbente que utiliza el feliz concepto de aventura para diagnosticar un rumbo equivocado. Si entendemos, como hace Maldonado, que la aventura es una empresa en la que al volcar nuestra vocación o nuestra suerte contribuimos, aun sin buscarlo, a ensanchar los horizontes colectivos, ¿queda alguna en pie o a la vista? ¿Lo son la lucha contra el cambio climático o la potencial colonización espacial? ¿Y qué ocurre con las necesidades del aquí y el ahora? El problema no es que sepamos demasiado y ya queden pocas cotas que alcanzar, sino que el conocimiento que se requiere para traspasar las nuevas fronteras de conocimiento parece reducido a una minoría que se ha escindido de la comunidad. Paradójicamente en su nombre.