En un futuro no lejano, “lo relevante es si sabremos distinguir entre sentimientos generados por seres reales o por máquinas artificiales”. Lo dice José Ignacio Latorre, catedrático de Física Teórica que acaba de publicar ‘Ética para máquinas’, un ameno ensayo que aborda algo que nos inquieta y fascina: nuestra convivencia con máquinas cada vez más autónomas, inteligentes y, quizá, dotadas de emociones. Latorre es optimista sobre la evolución de la Humanidad, aunque hay algo que le preocupa: cómo la mayoría da la espalda al conocimiento y opta masivamente por el entretenimiento banal. “Seremos colectivamente más hedonistas, menos preparados, más manipulables. Mucha gente no entiende que el saber es el único camino para ser libres”.