Abundan los libros de revolucionarios e intelectuales veteranos que, con el paso del tiempo, defienden postulados del extremo contrario con la misma intensidad. Cambia el lado del espectro, pervive el carácter. Le ocurrió al escritor húngaro y otrora comunista Arthur Koestler tras su paso por nuestra guerra civil, e involuntariamente creó escuela. Sobran los ejemplos españoles de antiguos compañeros de viaje alineados ahora con las posiciones más críticas con la izquierda a la que pertenecieron. Y alguno hay en sentido inverso, aunque no es tan habitual. Estos autores suelen presentar la situación con la fe del converso, con cierto aire redentor del que necesita iluminar al resto de un error de juventud imperdonable.