En lo que llevamos de 2022, en México han sido asesinados doce periodistas. Desde 2018, han sido más de treinta. Cifras que muestran una violencia creciente cuyas causas radican no solo en la rivalidad de los cárteles, sino en la impunidad que se vive en un país con una corrupción que ha alcanzado a las esferas más altas del Estado. El número de asesinatos es de tal proporción que es inevitable escandalizarse, pero ha sido mucho más complicado tirar del hilo que va desde la muerte de un reportero de Ciudad Juárez, Tijuana o Ciudad de México, hasta la cúspide del poder en la que comienza el camino que termina en los disparos de los sicarios.