Hubo un tiempo en el que imaginábamos el futuro sin los miedos de hoy. Sin miedo a perder el trabajo a mano de robots o a que el cambio climático acabe con nuestra forma de vida. Entonces, la vieja idea del progreso gozaba de buena salud, y los problemas se afrontaban con una disposición bien distinta a la del malestar de nuestros años. Eran los 90, década que, a juicio de Ramón González Férriz (Granollers, 1977) empezó con la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989 y terminó con el ataque a las Torres Gemelas y el Pentágono el 11 de septiembre de 2001. Lo analiza en ‘La trampa del optimismo’ (Debate).

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