Robert Kaplan (Nueva York, 1952) se toma algunos segundos al otro lado de la línea antes de contestar cada pregunta. Como si fuera consciente del material inflamable con el que trata y de su influencia personal en los debates y análisis en torno a las diversas crisis internacionales enconadas sobre las que leemos y escuchamos. Desde la cuestión nuclear en Corea del Norte hasta la guerra en Siria, pasando por la influencia creciente de Irán, la evolución del terrorismo yihadista o Rusia, existe la sensación de que el número de frentes empieza ser inmanejable.